domingo, 14 de diciembre de 2008

Eduardo

Me llamó la atención mientras cruzaba por la calle Puertas de Orihuela, destino La Merced. Un hombre mayor andaba encorvado, casi reptando, con la mirada fija en el suelo. Me pareció extraño y, como el que no quiere la cosa, lo observé con disimulo a unos metros. Presentaba un aspecto dejado: pelo largo y mal cuidado, una barba salvaje, ropajes harapientos. Pronto caí en la cuenta: el hombre iba buscando colillas por la acera. Cuando encontraba unas cuantas que aún conservaban tabaco, las rajaba, sacaba el poco tabaco que contenían y las utilizaba para liarse un cigarro hecho de mil colillas. El hombre fumaba cigarros tercermundistas de los restos despreciados por la clase media. Me acerqué y le ofrecí un par de cigarros. Los cogió agradecido y hablé un poco con él. Se llama Eduardo, vive en la calle y parece importarle más el fumar que el comer. Cuando no pide propina por las esquinas de calles transitadas, busca la manera más barata de calmar su insana afición. Es increíble que un hombre que se muere de hambre pierda tiempo en buscar colillas por el suelo. Una prueba más del riesgo de dar la primera calada.

3 comentarios:

Ainhoa Delgado Fernández dijo...

El vicio puede llegar a unos niveles insospechados.
¡Qué historia! Que no tenga un mísero mendrugo de pan para llevarse a la boca y que su mayor preocupación sea fumar un cigarro. Anonadada me hallo.

Saludos callejero,

Ainhoa

Recuerdos dijo...

Me encanta como escribes! tienes una forma especial... jeje!
Te seguire por este ya que el otro esta mas abandonado!
Me recuerdas al programa que echan en cuatro de callejeros...anda que no sale gente que no tiene nada para comer, y sus precupaciones son el vicio, alcohol,drogas, tabaco...
En fin ya ves tu como veran la vida...como una manera de pasar el rato!
Un beso! =)

una soñadora utópica dijo...

Muy buena historia, Sergio.

Tania